El amerizaje de los hombres de Teatra en los sótanos del Museo Reina Sofía de Madrid se produjo en el invierno de 1996. Su nave redactoria descendió hasta el subsuelo, precisamente junto a las estancias de Ataulfo, el famoso fantasma que ven los trabajadores del Museo, sus vigilantes y parece que hasta sus perros.
Los feligreses de Teatra, vestidos de luto riguroso, descendieron escaleras y atravesaron naves a oscuras… sólo el latigazo de luz de dos linternas guiaba a la comitiva hasta el lugar de encuentro. Arroyo lucía como un sol con sus zapatos amarillos dentro de aquel montacargas de acero inoxidable.
Dio instrucciones el pintor a los asistentes, para que abrieran los sobres que les habían sido entregados a la entrada, y extrajeran de ellos dos círculos de cartulina plateada, a través de cuyos orificios podrían ver el acto como se mira a un eclipse… Por último, estampó su firma sobre la portada de las revistas, que mostraban a su espalda, los miembros de Teatra.
Es justo recordar que alrededor de 300 asistentes al acto se quedaron en la plaza sin poder entrar a participar en el acto… Teatra había desbordado con creces todas las expectativas.
Esquema de la presentación de Teatra 11
Los invitados —vestidos de negro— acudirán a las 20:00 h a la entrada principal del MNCARS donde los recibirán dos azafatas… Una de las azafatas les entregará un sobre a cada uno de los asistentes. En torno a las 20:15, una vez formado el grupo, las azafatas se dispondrán a conducirlos al lugar del acto: el sótano a la bajada del montacargas.
El trayecto —concebido por razones de intensidad dramática— se realiza a oscuras, una azafata a la cabeza y otra a la cola, con sendas linternas. En el lugar de la presentación, al pie del gran montacargas trasero del Museo, se encontrará Eduardo Arroyo… Los ocho miembros de la revista TEATRA descenderán en el montacargas, ataviados con una linterna de minero en la cabeza… Como colofón, Arroyo estampará en cada una de las ocho portadas: TEATRA 11, E. Arroyo. Finalmente, el presentador entrará en el montacargas junto con los miembros de Teatra, y desaparecerán ante la vista del público, para esperar a sus invitados en la cuarta planta, donde se servirá un refrigerio.
Reseñas de Prensa
«La presentación de la revista Teatra exige luto riguroso» — El País, Madrid, 9 de febrero de 1996
«Oscuridad para unos pocos escogidos. Tropezones y apreturas durante el viaje a la ceguera en la presentación de la revista Teatra» — Lila Pérez Gil, El País, 11 de febrero de 1996
«Volver a la vanguardia» — Ignacio Amestoy Egiguren, Diario 16, 1 de marzo de 1996
«Puro teatro» — Leopoldo Alas, El Mundo, febrero de 1996







